El Lamborghini Miura no solo le dio fama mundial a Lamborghini, también dictó las reglas de cómo debían ser los superautos.
El Lamborghini Miura fue el primer coche de producción en serie con motor central-trasero de alto rendimiento, su diseño era exótico y su precio muy elitista (20,000 dólares de la época, más de 3,000,000 de pesos actuales), pero sentó las bases del concepto de superauto que hoy en día pocos pueden presumir.

Una idea en contra de Ferruccio
Marzo de 1966. Hace sesenta años, Automobili Lamborghini irrumpió en el Salón del Automóvil de Ginebra con un prototipo naranja que desafiaba todas las convenciones de la época. El Miura no era solo un coche: era la declaración de intenciones de una marca joven y audaz que acababa de cumplir tres años de vida. Con su motor V12 montado en posición central-trasera transversal, este superdeportivo redefinió el concepto de prestaciones y diseño, y acuñó el término “supercoche” que aún resuena en la industria.

Todo comenzó en 1964, cuando los ingenieros Gian Paolo Dallara, Paolo Stanzani y el piloto neozelandés Bob Wallace, en horas extras y contra la visión inicial de Ferruccio Lamborghini —más inclinado hacia grand tourers potentes pero civilizados—, concibieron un proyecto inspirado en las carreras. El resultado fue el chasis 400 TP (luego rebautizado L105), presentado en noviembre de 1965 en el Salón de Turín: un esqueleto negro satinado con el V12 de 3,929 cc transversal detrás del conductor, cuatro escapes blancos expuestos y un peso de solo 120 kg gracias a su carrocería de acero de 0.8 mm de espesor. Nunca un chasis desnudo había robado tanto protagonismo.

Diseño maestro
La leyenda cuenta que, al cierre del salón, Nuccio Bertone se acercó al stand de Lamborghini y, tras examinar el bastidor, le rumoró a Ferruccio: “Mi estudio diseñará el zapato perfecto para este pie maravilloso”. Aunque el diálogo exacto sea difícil de verificar, el entendimiento fue inmediato. Carrozzeria Bertone, con Marcello Gandini al frente del diseño, vistió aquel chasis en pocas semanas. En enero de 1966 el proyecto estaba cerrado y, en marzo, el prototipo naranja debutaba en Ginebra sobre el stand de Bertone.

Se llamaba Miura y era imponente: silueta baja (apenas 105 cm de altura), faros retráctiles con “pestañas”, tomas de aire generosas y rejillas negras que canalizaban el flujo hacia frenos y motor. Inspirado en los coches de pista, su diseño plano, agresivo y elegante al mismo tiempo estableció estándares que resisten el paso del tiempo. El V12, con cigüeñal girando en sentido opuesto a las manecillas del reloj, cuatro árboles de levas y cuatro carburadores Weber, entregaba inicialmente 350 caballos (luego 370 en el P400 S y 385 en el SV), catapultando al coche de 0 a 100 km/h en 6.7 segundos y hasta 280 km/h. En ese momento, era superdeportivo de producción más rápido del mundo.
El sello de la casa
El corazón del Miura era su legendario V12, evolucionado por Stanzani a partir del diseño original de Giotto Bizzarrini para hacerlo apto para carretera y producción en serie. Esta unidad, compartiendo cárter con caja y diferencial —una solución audaz y compacta—, marcó el ADN técnico de Lamborghini durante casi seis décadas, hasta la era híbrida inaugurada con el Revuelto en 2023.
La personalización fue otra revolución: una paleta de colores vibrantes —desde Arancio Miura hasta Rosso Corsa, pasando por Azzurro Mexico o Giallo Fly— anticipó la filosofía de personalización que hoy define a la marca.

De lo bueno, poco
Entre 1966 y 1973 se fabricaron 763 unidades en Sant’Agata Bolognese. La primera se entregó en Milán el 29 de diciembre de 1966; en 1968 ya se vendían casi cuatro por semana, un ritmo impresionante para un supercoche de élite. Entre las rarezas destacan al menos diez one-offs, como el icónico Miura Roadster de 1968 creado por Bertone en azul lamé con interior blanco y capota abierta.
El Miura no solo protagonizó portadas de revistas y escenas cinematográficas, también consolidó el legado taurino de Lamborghini: el nombre homenajea a la célebre ganadería de Miura Fernández, inaugurando una nomenclatura que continúa con Espada, Islero, Murciélago o Revuelto.



Sesenta años después, el Miura no envejece: madura. Sus ejemplares siguen cosechando premios en los concursos de elegancia como Villa d’Este o Pebble Beach, certificados y restaurados por Lamborghini Polo Storico. De él nacieron el Countach, Diablo, Aventador y el actual Revuelto. El Miura no fue solo un coche: fue el nacimiento del supercoche moderno, una revolución que transformó para siempre la historia del automóvil.

