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NOTA

Autos malditos: el Porsche 550 Spyder de James Dean

En 1956, el rey de los customizadores George Barris compró los restos del Porsche 550 Spyder de James Dean por unos 2,500 dólares, creyendo que podría reconstruirlo… pero el destino tenía otros planes.

Es muy famoso el Porsche 550 Spyder, mejor conocido como “Little Bastard”, del galán de Hollywood James Dean, más que un actor, un auténtico ícono cultural de los 50 y todo un símbolo de la rebeldía juvenil. Él tenía varios hobbies: le gustaba la fotografía, la pintura, la escultura, dicen que la tauromaquia y también la equitación. Pero ninguno de éstos se comparaba con su pasión por las carreras, tanto de motos como de coches. Por eso se compró su Porsche.

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Resulta que el 30 de septiembre de 1955, James lo iba manejando por la ruta 466 hacia Salinas, California, para participar en una carrera. El auto, personalizado con el número 130 en el frente, asientos de tartán y el apodo “Little Bastard” (porque así le llamaban a James en el camerino) pintado en rojo en la parte trasera, chocó de frente contra un Ford Tudor. El actor murió al instante por fractura cervical y heridas internas graves. Su mecánico Rolf Wütherich sobrevivió con heridas serias, y el otro conductor, Donald Turnupseed, salió con lesiones leves.

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Hasta aquí la historia no pasaría de ser una tragedia automovilística. Pero al poco tiempo la tragedia se convertiría en una maldición. Tras el choque, el auto fue a parar a un deshuesadero y cuando el seguro lo dio de baja aparece en escena George Barris, el legendario constructor de autos personalizados de Hollywood, quien compró los restos por unos 2,500 dólares. A partir de ese momento empezaron las desgracias:

Al descargar los restos en su taller, el auto se cayó y le rompió las piernas a un mecánico. 

Barris vendió el motor a un doctor llamado Troy McHenry, quien lo instaló en su Porsche y murió al poco tiempo al chocar contra un árbol en la carrera de Pebble Beach en 1956 (este incidente es uno de los pocos verificados por historiadores). 

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Otro doctor, William Eschrich, usó la transmisión en su Lotus y sufrió un accidente grave en la misma competencia. 

Dos llantas traseras vendidas a otro piloto reventaron simultáneamente en una carrera, causando otro choque.

Después de todo esto, Barris prestó los restos que quedaron a exhibiciones de seguridad vial de la Patrulla de Caminos de California. En una ocasión, el garaje donde estaban guardados se incendió, pero el Porsche quedó intacto entre las llamas (esto no está verificado, es la versión de Barris). Y hay otras historias que pasaron de boca en boca: que el auto se movía solo en exhibiciones o caía de sus soportes, hiriendo a gente.

La parte más intrigante: en 1960, mientras transportaban los restos desde una exhibición en Miami de vuelta a Los Ángeles (en un camión sellado, según las versiones), el Porsche desapareció misteriosamente. Barris afirmó que llegó vacío, sin signos de robo forzado. Nunca se volvió a ver oficialmente. Algunos especulan que fue robado por fanáticos, otros que Barris lo “perdió” intencionalmente para mantener el mito vivo (como sugieren investigadores como Lee Raskin en James Dean at Speed y otros análisis).

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Un detalle previo que alimenta la leyenda: una semana antes del accidente, el actor Alec Guinness vio el auto en Los Ángeles y sintió un mal presentimiento. En su autobiografía y entrevistas posteriores contó que le advirtió a Dean: “Si te subes a ese auto, para esta misma hora la próxima semana estarás muerto dentro de él”. Dean se rio y lo ignoró. Siete días después, la profecía se cumplió.

Muchos expertos en Porsche y en la vida de Dean (como el historiador Lee Raskin) sostienen que la mayoría de las anécdotas de “maldición” provienen de George Barris, quien las amplificó durante décadas para promocionar su imagen y el auto. Solo la muerte de McHenry está bien documentada; el resto parece una cadena de accidentes típicos en el mundo de las carreras de los 50, exagerados por el carisma de Dean y el morbo de Hollywood. Aun así, el “Little Bastard” sigue siendo el auto maldito por excelencia: un Porsche que mató a su dueño icónico, dejó un rastro de tragedias (reales o infladas) y simplemente… desapareció.

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Partes del auto sí se vendieron y rastrearon: por ejemplo, el transeje se subastó en 2021 por $382,000 y terminó en el Haunted Museum de Zak Bagans en Las Vegas (Nevada), donde se exhibe como pieza “maldita”. Otros fragmentos están en colecciones privadas o museos como el Historic Auto Attractions (Roscoe, Illinois), pero el chasis y la carrocería principal (lo que quedó del “Little Bastard” como auto) no han reaparecido.

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