Honramos su nacimiento recordando el gran legado de una de las personalidades más icónicas en la historia del automóvil (y no de cualquier automóvil): Enzo Ferrari
Hoy Ferrari vale un poco más de 66 mil millones de dólares. Si de repente te entrara la loquera y se te antojara comprar todas las acciones de Ferrari, esa es la cifra que deberías desembolsar. ¿Cuánto es esto? Dimensionemos tomando como ejemplo a una empresa mexicana querida e igualmente transnacional: Bimbo. Si te gusta el pan y quisieras comprarla tendrías que hacer una transferencia de más o menos 17 mil millones de dólares. Cuando “el viejo” fundó Ferrari, en 1939 (primero se llamó Auto Avio Costruzioni), invirtió algo así como 830 mil dólares actuales, fue la indemnización que le dio Alfa Romeo.

Todo esto viene porque hoy es su cumpleaños. Enzo Anselmo Giuseppe Maria Ferrari nació el 18 de febrero de 1898 y su biografía es muy interesante porque convirtió una obsesión por la velocidad en todo un imperio automovilístico.
Hijo de un herrero que dirigía un taller familiar, creció entre herramientas y motores, pero su vida estuvo llena de altibajos: pérdidas tempranas como la muerte de su padre y hermano en 1916, servicio en la Primera Guerra Mundial, y un arranque como mecánico en Milán que lo llevó al mundo de las carreras. Pasó de piloto amateur a figura clave en Alfa Romeo, fundó su escudería en 1929 y, finalmente, creó su propia marca en 1947 en Maranello, un pueblo bombardeado durante la Segunda Guerra que él ayudó a reconstruir a base de tenacidad. Murió el 14 de agosto de 1988, a los 90 años, dejando un taller que se expandió de forma brutal, pero también un rastro de controversias por su estilo autoritario.

Una personalidad fuerte
Ferrari era un mandamás implacable, un jefe que decidía todo en cuestiones técnicas y de carreras sin dar pie a debates. Reaccionaba con furia a las deslealtades, como cuando Niki Lauda dejó el equipo y él replicó que “Ferrari le había quitado el auto”, o cuando reprendió a Jody Scheckter por criticar al equipo en la prensa, sacando grabaciones para desmentirlo. Vigilaba a sus pilotos como un halcón: se enfadaba con Gilles Villeneuve por estacionarse de cualquier manera o por maltratar los coches en pista.
Su estilo de comunicación era seco, de pocas palabras, en una época sin radios donde absorbía informes de carreras y actuaba al instante. Incluso en victorias, era exigente: tras un triplete en Nürburgring, preguntaba por el cuarto auto, asumiendo que estaba hecho trizas. Innovador obsesivo, creó un “gabinete de errores” para exhibir piezas rotas y evitar repeticiones, y usaba tinta púrpura –un guiño nostálgico a los métodos de su padre– para anotar y cuestionar cada detalle técnico. Era un juez astuto de talentos, eligiendo pilotos como Lauda o Villeneuve con instinto infalible, pero priorizaba los motores sobre las personas, con una determinación que lo hacía visionario pero también temido.

¿De dónde sacó el gusto por los autos?
La chispa se encendió en 1908, cuando su padre Alfredo lo llevó, junto a su hermano, a ver la Coppa Florio en Bologna, un espectáculo de polvo y velocidad que lo marcó para siempre. No destacaba en la escuela, pero en el taller familiar mostraba creatividad y habilidades prácticas excepcionales. Trabajar con autos, camiones y vehículos potentes avivó su fascinación: los veía como extensiones de la capacidad humana para lograr lo imposible. Debutó como piloto en 1919 en la subida Parma-Berceto con un CMN, terminando cuarto en su categoría, y siguió con la Targa Florio ese año. Corrió con Isotta Fraschini y Alfa Romeo, ganando categorías en Targa Florio, Mugello y Aosta. En 1923, su primera victoria absoluta en el Circuito del Savio lo conectó con los padres del aviador Francesco Baracca, quienes le sugirieron usar el caballo rampante como emblema.

Así fundó Ferrari
Todo empezó con Alfa Romeo en 1920, cuando firmó como piloto y debutó en la Targa Florio, ganando su categoría y terminando segundo general. De 1924 a 1928, ganó todas las carreras en las que participó, sumando nueve victorias en 39 eventos (un récord decente para un novato en un deporte mortal). Ascendió a director de Alfa-Corse, pero soñaba con independencia. En 1929, fundó Scuderia Ferrari como equipo para Alfa Romeo, usando el caballo rampante desde 1932. La relación duró 20 años, pero tras la guerra, en 1947, creó su compañía en Maranello. El 12 de marzo, arrancó el motor del 125 S, su primer auto, en un espacio de un bodegón con 140 empleados y solo tres vehículos producidos ese año.
Sus 5 autos más icónicos
125 S (1947): El primero, con un motor V12 de 1.5 litros. Ganó su debut en el GP de Roma con Franco Cortese, sumando seis victorias ese año. Icónico por ser el origen, un “fracaso prometedor” en su primera carrera que impulsó mejoras constantes.

250 Testa Rossa (1957-1962): Con motor V12 de 3 litros y tapas rojas. Dominó el Campeonato Mundial de Deportes, ganando títulos en 1958, 1960 y 1961, con victorias en Le Mans, Sebring y Targa Florio. Icónico por su éxito en las pistas y por encarnar la visión de Enzo en autos probados en pista.

250 GTO (1962-1964): Igualmente con motor V12 de 3 litros, 300 hp y chasis ligero de 880 kg. Solo fabricó 36 unidades, ganó campeonatos GT en 1962, 1963 y 1964. Icónico por su rareza, belleza agresiva y manejo, considerado una obra de arte legalmente protegida, con valores astronómicos.

365 GTB/4 “Daytona” (1968): Motor V12 delantero de 4.4 litros, 352 hp y ¡280 km/h de velocidad punta! Reemplazó al 275 GTB4 con diseño moderno y equilibrio perfecto. Icónico por su apodo de la victoria 1-2-3 en Daytona en 1967, representando el GT clásico de alto rendimiento.

F40 (1987): Monta un V8 biturbo extremo, sin concesiones. Presentado para el 40 aniversario de la fundación de la marca. Fue su último modelo aprobado. Significa innovación radical y límites empujados al máximo.

El legado de Enzo Ferrari es una cultura de innovación incansable, donde las carreras probaban avances que llegaban a la calle. Tras su muerte, Ferrari creció de 20,000 m² y 140 empleados en 1947 a 860,000 m² y 5,000 trabajadores, produciendo 13,221 autos al año (el cierre del 2025). Instalaciones como túneles de viento, centros de desarrollo y un edificio para futuros eléctricos encarnan su empuje por el progreso. Cambió motores V12 por turbo en F1, ganando títulos, y su tinta púrpura simboliza esa evolución perpetua hacia híbridos y EVs. Hoy, es sinónimo de éxitos en Le Mans y F1, pero también un recordatorio de un hombre que trascendió límites humanos a través de la velocidad. ¡Gracias Commendatore!

