En las historias de los “autos malditos”, pocos vehículos combinan un impacto histórico tan devastador con un aura de tragedia persistente como el Gräf & Stift 28/32 HP Double Phaeton de 1910, el convertible que desató la Primera Guerra Mundial
Este lujoso convertible fue el vehículo en el que viajaban el archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría (heredero al trono imperial) y su esposa Sofía, duquesa de Hohenberg, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, cuando fueron asesinados por Gavrilo Princip. Ese magnicidio fue la chispa que encendió la Primera Guerra Mundial, un conflicto que causó entre 15 y 22 millones de muertes directas y redibujó el mapa mundial.

El auto en sí, un testimonio silencioso de ese momento, pasó a la posteridad no solo como artefacto histórico, sino como el centro de una leyenda urbana de maldición que habla de dueños malditos, accidentes fatales y un destino inexorable. Aunque la mayor parte de la “maldición” es folklore exagerado —popularizado en los años 50 y 60 por libros sensacionalistas—, los hechos reales del vehículo son suficientes para generar escalofríos: balas visibles, sangre histórica y un “presagio” en su placa que muchos interpretan como profético.
Un auto lujoso de la Belle Époque
Gräf & Stift era una marca austriaca de automóviles de élite, fundada por los hermanos Gräf (inicialmente fabricantes de bicicletas) en Viena. A inicios del siglo XX, producía vehículos de alta gama para la aristocracia y el ejército austrohúngaro.

El modelo específico era un Double Phaeton (carrocería abierta con cuatro puertas, asientos para 5-6 personas, capota plegable y opción a un pequeño parabrisas para los ocupantes traseros), fabricado en 1910 y entregado el 15 de diciembre de ese año al conde Franz von Harrach, un oficial del Cuerpo de Automóviles Voluntarios del Ejército Imperial.
Von Harrach lo compró por 15,500 coronas (más 3,800 adicionales por la carrocería ligera de aluminio hecha por Czerny & Co. de Viena), un precio quizá cercano a 50,000 euros actuales —digamos, más o menos 1,000,000 de pesos (es una vaga idea)—. Su motor era un 4 cilindros en línea, con 32 hp, válvulas laterales, encendido por magneto (no necesita batería para generar la chispa), transmisión manual de 4 velocidades y frenos mecánicos.
La placa era A III 118 (formato austrohúngaro: “A” para Austria, III como romano para 3, y 118). Muchos ven aquí un “presagio”: interpretado como “A 11 11 18” (Armisticio del 11 de noviembre de 1918, fecha del fin de la guerra). Aunque es coincidencia pura (la placa ya estaba asignada en 1910), este detalle se convirtió en el núcleo del mito sobrenatural.

El asesinato que cambió el siglo XX
El conde lo prestó al archiduque para su visita oficial a Sarajevo, donde inspeccionaba maniobras militares. El chófer era Leopold Lojka, un conductor checo experimentado.
En Sarajevo, el convoy real (seis autos) fue atacado por miembros de la Mano Negra, un grupo nacionalista serbobosnio.
Primero, una bomba fallida (lanzada por Nedeljko Čabrinović) explotó bajo otro vehículo, hiriendo a varios, pero el archiduque continuó. Al regresar del ayuntamiento, Lojka tomó una calle equivocada (la Appel Quay), se detuvo para dar marcha atrás… y se paró justo frente a Gavrilo Princip.

Princip disparó dos tiros a quemarropa: uno al cuello de Francisco Fernando, el otro al abdomen de Sofía.
Ambos murieron poco después en el hospital. Las balas dejaron marcas permanentes en la carrocería: agujeros visibles en el panel trasero y en el respaldo de los asientos (aún se conservan).
¿En qué consiste la maldición?
Tras el asesinato, von Harrach donó el vehículo al Museo de Historia Militar de Viena (Heeresgeschichtliches Museum) en agosto de 1914, donde se exhibe desde entonces (restaurado en 1957 tras daños en la Segunda Guerra Mundial). Sin embargo, la leyenda urbana afirma que no se quedó allí de inmediato: pasó por 15 dueños en los siguientes 12 años, causando al menos 13 muertes en diferentes accidentes.

Versiones populares del mito y revistas sensacionalistas de la época señalan que un general austriaco enloqueció y murió en un asilo, un capitán atropelló a dos campesinos y murió en choque posteriormente en otro coche, Oskar Potiorek (gobernador de Bosnia en 1914) tuvo cuatro accidentes en cuatro meses perdiendo un brazo en el último, y un joyero que era barón rumano tuvo un choque fatal camino a una boda matando además a cinco pasajeros. En fin, al auto también se le atribuyen varios suicidios.
Realidad vs. mito
Pero fuentes confiables confirman que la “maldición” es mayormente ficción: no hay registros verificables de los 15 dueños ni de las 13 muertes exactas. Fue donado al museo en 1914 y no circuló ampliamente después. Solo hay un choque reportado en 1926 en Transilvania (periódico Innsbrucker Nachrichten), sin muertes masivas. La leyenda surgió décadas después (1950s-60s), posiblemente inspirada en el éxito de historias similares como la del Porsche de James Dean, y el “presagio” de la placa es coincidencia; fotos contemporáneas confirman que ya tenía A III 118 antes del asesinato.

Nada más que la verdad real es que hoy en día el Gräf & Stift está en el Heeresgeschichtliches Museum de Viena, en una sala dedicada al asesinato de Sarajevo. Se exhibe con el uniforme ensangrentado del archiduque, las armas de los asesinos (pistola Browning y granada) y las marcas de bala intactas. Eso sí, los visitantes comentan sensaciones de “frío”, malestar o “presencias” al acercarse. Pero es más que nada el momento en el que se toma conciencia del peso histórico del auto.
Este no es solo un “auto maldito”; es un vestigio que encarna el caos del siglo XX. Su leyenda puede ser sugestión colectiva ante un objeto ligado indirectamente a millones de muertes, pero verlo en vivo y a todo color genera una vibra inquietante innegable.

