El Hennessey Venom F5-M, un vehículo diseñado y construido íntegramente en Texas que marcó el salto de tunero a fabricante acreditado
Hennessey Performance Engineering fue fundada en 1991 por John Hennessey en Texas, Estados Unidos. Comenzó como un taller de modificaciones de alto rendimiento, especializándose en vehículos turbo como el Mitsubishi 3000GT, y pronto ganó fama internacional por crear autos extremadamente potentes, como ejemplares de Dodge Viper con más de 1,000 caballos de fuerza.

Con el paso de los años, la compañía se expandió hacia muscle cars, camiones y supercars. En 2017, John Hennessey creó Hennessey Special Vehicles para fabricar su primer hypercar completamente propio.
El Venom F5, cuyo nombre hace referencia a la categoría F5 de los tornados más destructivos, debutó como concepto en 2017 con el objetivo de desafiar a los hypercars europeos en velocidad máxima. Equipado con un motor V8 twin-turbo desarrollado por la propia marca, conocido como Fury, y un chasis de fibra de carbono, representa la ambición americana de crear uno de los autos más rápidos del planeta.

El Venom F5-M Roadster es una variante especial anunciada en septiembre de 2024, limitada a solo 12 unidades, todas ya vendidas. Se trata del hypercar de producción más potente del mundo equipado con una caja manual, y su propósito principal es elevar al máximo la experiencia de conducción pura. Su debut será en unos días en el Festival de la Velocidad en Goodwood.
La decisión de lanzar el F5-M responde directamente a un deseo interno de la marca y a las peticiones insistentes de sus clientes, que buscaban una versión manual del hypercar. En una era dominada por transmisiones automáticas ultrarrápidas y electrónicas, Hennessey quiso crear un vehículo que priorizara la conexión física y sensorial del conductor con la máquina.

El resultado es un auto que debe amplificar las sensaciones, porque además no tiene techo; entonces sumemos el viento en la cabina, el rugido del V8 y el tacto directo del pomo con seis velocidades… Requirió una reingeniería profunda, incluyendo un nuevo interior, calibración específica del motor y ajustes aerodinámicos como la aleta dorsal. Esta apuesta continúa el legado del Venom GT Spyder, que en 2016 estableció el récord de velocidad para un convertible con transmisión manual, un registro que aún mantiene.

Aunque en el segmento de los hypercars las cajas manuales son extremadamente raras porque las automáticas ofrecen cambios más rápidos y mejores tiempos en pista, existe entre los entusiastas una fuerte preferencia emocional por ellas. Representan mayor involucramiento, satisfacción y pureza en la conducción. No hay datos masivos de ventas en este nicho ultraexclusivo, pero el hecho de que las 12 unidades del F5-M se vendieran rápidamente demuestra que hay demanda real entre clientes que valoran la experiencia por encima de las cifras puras.

El Venom F5-M está propulsado por el motor Fury V8 de 6.6 litros con doble turbocompresor, que entrega 1,817 caballos de fuerza y 1,193 lb-pie de torque en configuraciones estándar, pudiendo alcanzar más de 2,000 hp con el paquete Evolution y combustible E85. El chasis de fibra de carbono mantiene el peso bajo, alrededor de 1,385 kg, mientras que las dimensiones incluyen una longitud de 4,666 mm y una altura de solo 1,130 mm para una aerodinámica agresiva. Está diseñado para superar los 480 km/h, aunque el uso manual exige mayor habilidad del piloto para gestionar la potencia, y ya ha demostrado su brutalidad con récords como el de la media milla (804 metros) en 14.44 segundos a más de 350 km/h.

Este modelo compite directamente con autos como el Bugatti Chiron Super Sport, el Koenigsegg Jesko o el SSC Tuatara, todos enfocados en velocidad y exclusividad extremas. Sin embargo, el F5-M se distingue por su enfoque analógico, su origen americano y la experiencia visceral de su transmisión manual y carrocería roadster, frente a rivales más orientados al lujo o la tecnología de punta.

La importancia del Venom F5-M radica en que mantiene viva la tradición de las transmisiones manuales en el ápice del rendimiento automotriz, donde prácticamente nadie más se atreve. Demuestra que incluso con más de 1,800 caballos, se puede priorizar la diversión y la retroalimentación real sobre las prestaciones electrónicas puras. Con su exclusividad, colores únicos para cada ejemplar y un precio que ronda los 2.65 millones de dólares (más de 45 millones de pesos), no solo es un hypercar más, sino una declaración sobre el placer de “pilotar” una bestia mecánica en la era digital.


