Un convertible que no sólo vio el asesinato de un presidente, también formó parte de la mala suerte que acompañó a la Casa Blanca hasta finales de los 70: es el Lincoln Continental de Kennedy
El 22 de noviembre de 1963, un elegante Lincoln Continental convertible se convirtió en el escenario de uno de los momentos más trágicos de la historia de Estados Unidos. Conocido por su código secreto del Servicio Secreto como SS-100-X (o simplemente X-100), este vehículo no solo fue el último en transportar al presidente John F. Kennedy con vida, sino que también adquirió una reputación de auto maldito en la cultura popular.
Aunque no existen evidencias sobrenaturales de una maldición, la tragedia que lo marcó para siempre, sumada a su asociación con la familia Kennedy y su uso posterior por otros mandatarios —a quienes también les fue mal—, ha alimentado leyendas urbanas durante décadas.

El auto ideal para desfiles
El SS-100-X no nació como un auto común. Se fabricó en enero de 1961 en la planta de Lincoln de Ford en Wixom, Michigan, partiendo de un convertible de cuatro puertas modelo 1961 cuyo precio base en concesionario era de solo 7,347 dólares. La Casa Blanca lo arrendó a Ford por un simbólico pago anual de 500 dólares y lo envió inmediatamente al famoso carrocero Hess & Eisenhardt en Cincinnati, Ohio, para una transformación radical.
Los especialistas cortaron el chasis por la mitad, lo reforzaron y lo alargaron 3.5 pies (más de un metro), alcanzando una longitud total de casi 6.5 metros. El peso pasó de unas 3.5 toneladas a casi 4.5 toneladas.

Entre sus características especiales destacaban: un techo removible con paneles de acero y plástico transparente (tipo “burbuja”), un asiento trasero hidráulico que se elevaba 27 cm para que el presidente pudiera saludar mejor a la multitud, escalones retráctiles para agentes del Servicio Secreto (cuatro laterales y dos en la parte trasera), y luces rojas intermitentes, sirena, dos banderines, focos, asientos auxiliares plegables, dos radioteléfonos y luces interiores.
El motor, por su parte, era un V8 de 430 pulgadas cúbicas ensamblado a mano, con 350 caballos de fuerza y un 17 % más de potencia que el original. Curiosamente, no era un vehículo blindado en su versión inicial: estaba pensado para desfiles, no para proteger contra balas.
El día del magnicidio
El 22 de noviembre de 1963 fue un día soleado en Dallas, Texas. En el convertible iban el presidente John F. Kennedy, su esposa Jacqueline, el gobernador de Texas John Connally y su esposa Nellie. El techo de burbuja transparente no se colocó porque el clima había mejorado. El auto avanzaba lentamente (alrededor de 20 km/h) cuando se escucharon los disparos…

Tras el caos, el SS-100-X fue enviado de inmediato en un avión C-130 a Washington, donde el FBI y el Servicio Secreto lo examinaron como prueba. Poco después, prácticamente luego luego, sospechosamente limpiaron el interior (un detalle que algunos críticos señalan que pudo haber destruido evidencias valiosas). Pero eso por el momento no nos incumbe. A pesar de la tragedia, el gobierno decidió no destruirlo ni retirarlo, sino repararlo y seguir usándolo. Para muchos, eso era como tentar al destino.
En diciembre de ese mismo año, apenas un mes después, el SS-100-X fue enviado de vuelta a Hess & Eisenhardt para un proyecto secreto llamado “Quick Fix” (o “Project Phoenix”). El costo superó los 500,000 dólares de la época (equivalente a unos 3.8 millones de dólares actuales). Las modificaciones lo convirtieron en una verdadera fortaleza: le instalaron un techo permanente de acero con vidrio blindado transparente, blindaje de titanio en puertas, paneles laterales y piso, un tanque de combustible a prueba de explosiones, sistemas de comunicación secretos y un interior completamente remodelado.

Total que el auto regresó a servicio en mayo de 1964 y permaneció en la flota de la Casa Blanca hasta principios de 1977, es decir, casi 13 años más después del asesinato. En total, cuatro presidentes más (Johnson, Nixon, Ford y Carter) lo usaron ocasionalmente durante esos 13 años. El auto acumuló decenas de miles de kilómetros terrestres y aéreos (fue transportado en aviones C-130) y nunca volvió a sufrir un atentado ni accidente grave mientras estuvo en servicio, pero…
Cuatro presidentes, cuatro “malas suertes”
Al presidente Lyndon B. Johnson le causaba una incomodidad más que evidente, aunque lo mandó repintar para “borrar” la asociación con Kennedy. Bajo su presidencia se produjo la escalada de la Guerra de Vietnam (que dividió al país), protestas masivas y los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy en 1968. Muchos lo ven como el primero “tocado” por la maldición Kennedy.

Con Richard Nixon ocurrió el escándalo del Watergate (1974), que lo obligó a renunciar, convirtiéndolo en el único presidente en dimitir en la historia de Estados Unidos. Para los creyentes en la maldición, el auto que “vio” el asesinato de Kennedy ahora “vio” la caída de Nixon.
Durante el periodo de Gerald Ford, este presidente sobrevivió a dos intentos de asesinato en 1975 (en California y Sacramento), aunque ninguno ocurrió en el SS-100-X. Su breve mandato también incluyó la caída de Saigón y una economía complicada. Algunos relatos populares dicen que “la sombra de Kennedy” lo persiguió.
¿Y Jimmy Carter? Este presidente enfrentó la crisis de los rehenes en Irán (1979-1981, aunque el auto ya estaba retirado), una grave crisis energética, inflación récord y perdió la reelección en 1980. La leyenda urbana asocia todo esto al “auto maldito” que Carter usó al inicio de su mandato.

El Lincoln Continental de Kennedy está actualmente jubilado
El SS-100-X fue retirado oficialmente a principios de 1977 (durante la administración Carter). Ford Motor Company lo recibió de vuelta y, en 1978, lo donó al Henry Ford Museum of American Innovation en Dearborn, Michigan, donde se exhibe hoy al público junto a otros vehículos presidenciales.
Allí, millones de visitantes lo ven cada año. Muchos se emocionan o lloran frente a él. Es uno de los objetos históricos más visitados del museo y un recordatorio permanente del cambio radical en la seguridad presidencial: desde entonces, ningún mandatario estadounidense viaja en un convertible abierto.



